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Problema y justificación

Tomado de: Documento en Hermes : Proyector VRI Estudios oceánicos

Mares y océanos, grandes masas de agua que encuadran y limitan los continentes, se formaron hace cerca de 4.000 millones de años. Ocupan el 75% de la superficie de nuestro planeta llamado “tierra”. Pueden explicar la diversidad biológica en nuestro planeta pues en ellos se dieron las condiciones para el surgimiento de la vida. Los mares tienen nombre propio por razones históricas y culturales. Están determinados por su cercanía a las costas, situados generalmente sobre plataformas continentales y con profundidades menores a las de los océanos.

Las grandes masas oceánicas prestan invaluables servicios a la humanidad como reguladoras del clima planetario, medio de transporte, reservorio de recursos minerales y de pesca, recurso genético, actividades de turismo y paisaje, entre otros.

En la medida en que los desarrollos tecnológicos han puesto al alcance de los Estados la exploración y la explotación de los fondos marinos, mares y océanos, en todo el planeta, son objeto de tensiones y disputas por el control estratégico de canales, estrechos y pasos, algunas relativamente “congeladas”, otras tramitadas ante la Corte Internacional de Justicia o el Tribunal Internacional sobre el derecho del Mar. La investigación científica marina constituye una prioridad de los Estados en la lucha por la adjudicación de espacios marítimos para la explotación de recursos naturales, por el control de islas y archipiélagos para el desarrollo de pueblos y Estados.

El instrumento jurídico internacional global que regula todos los espacios marinos, lo mismo que los derechos, obligaciones y actividades sobre ellos y las instituciones internacionales con competencias en esas materias, es la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar, adoptada en Montego Bay, Jamaica, en diciembre de 1982, como resultado de cerca de doce años de negociaciones diplomáticas en la III Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar.

Esa Convención ha sido llamada, con justedad, la ‘Constitución Mundial de los Océanos’ pues desde su entrada en vigencia en 1994 y tomando en consideración los desarrollos posteriores que la adicionan y la complementan, regula los espacios marinos de todos los mares y océanos definidos como Mar Territorial, Zona Contigua, Zona Económica Exclusiva y Alta Mar.

Colombia, con 2.900 kilómetros de costas y salidas a un mar y a uno de los océanos más importantes del planeta, adelanta un proceso para dotarse de una visión marítima institucional, es decir desde el Estado, con los esfuerzos de la Comisión Colombiana del Océano, algunos sectores de la Armada Nacional, otras agencias del Estado y algunas universidades y academias.

Complica el panorama marítimo para nuestro país la no ratificación de la Convención sobre el Derecho del Mar, que ha privado al Estado del referente institucional global para desarrollar esa visión marítima, aunque, es preciso señalar, son muchos los aspectos retomados por Colombia de ese instrumento internacional, algunos de ellos en vigor por vía de la costumbre internacional.

Para completar un enunciado breve de la problemática de Colombia respecto de sus mares, hay que acotar que la consolidación de una visión marítima institucional es urgente para la preservación de nuestros espacios marítimos en el Caribe, incluso por la vía judicial internacional.

El enigmático pensamiento de Cristóbal Colón, según el cual el mar da a cada hombre una nueva esperanza como el dormir le da sueños, puede ser actualizado a los comienzos del siglo XXI: el mar da a los pueblos y a los Estados una nueva esperanza. Habría que poner, como condición, que el Estado en cuestión tenga claridad sobre los medios idóneos para generar esa nueva esperanza y sobre los recursos necesarios hacerla efectiva en la realidad.

Con la finalidad de consolidar la capacidad de preservación de los espacios oceánicos y de asegurar el aprovechamiento sostenible de los recursos naturales, urge en Colombia contribuir, desde la academia pero en alianza con entidades del Estado, al desarrollo de las capacidades para la comprensión y las representaciones de los espacios oceánicos, de los intereses en juego en la escena mundial, de su importancia estratégica, de las opciones internacionales y de las potencialidades internas.

Es verdad que se ha avanzado en la dirección adecuada. Pero es preciso constatar que es mucho lo que queda por desarrollar, más si se tiene en cuenta el dinamismo con que avanza un reparto relativamente ordenado de los espacios oceánicos del planeta y de las tensiones por los pasos estratégicos y por los recursos naturales marinos. Una atinada comprensión y representación de los océanos podrá contribuir en Colombia a una mejor preservación de los espacios marinos, de fundamental importancia para el desarrollo y la estrategia en el siglo XXI.

SESQUICENTENARIO