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Sentido de la propuesta

Varios sectores en Colombia, entre ellos la institucionalidad política, caracterizan las artes y la cultura como un campo subalterno, percibido e interpretado en un permanente estado de excepción. Es una paradoja que este estado sea aceptado inclusive por el mismo campo artístico y cultural, razón por la cual sus hacedores no han entendido ni superado esta posición subalterna frente a otros campos como las ciencias básicas y sociales. Este campo no está definido como una comunidad plenamente identificada y consciente de su rol histórico, ni totalmente empoderada y abierta a otros espacios colectivos sociales. Es importante proyectar con claridad las agendas  para superar las posiciones subalternas a las cuales las artes se han visto sometidas desde tiempo atrás.

La realidad cultural colombiana actual es compleja y sus dinámicas rebasan cualquier planificación definitiva. Toda norma de regulación resulta siempre insuficiente al tratar de abarcar las realidades y necesidades locales, regionales y nacionales del campo de las artes y la cultura. Concertar en este espacio social es cada día más exigente, difícil y complejo. Las brechas entre las necesidades reales y la política pública se seguirán ahondando si no se entiende el lugar histórico y político de la cultura en la construcción  y transformación de una sociedad en conflicto, en tránsito hacia escenarios más democráticos e incluyentes.

En este tránsito, el Estado debe evitar el establecimiento de posturas jerárquicas verticales. Su tarea debe concentrarse en el reconocimiento y manejo adecuado de las instancias de negociación necesarias para legitimar no solo su presencia y acción en el terreno político, social y cultural, sino también  empoderar a las comunidades subalternas, las víctimas del conflicto armado y la sociedad civil en su conjunto para generar dinámicas más democráticas  que posibiliten el acuerdo social.

La perspectiva de un acuerdo social, como es el caso del Proceso de Paz de la Habana u otros procesos  que se han llevado a cabo en Latinoamérica, abre la posibilidad de repensar la institucionalidad nacional, que en Colombia ha sido funcional al modelo de sociedad en guerra que ha configurado el país durante  los últimos setenta años. En la actual sociedad colombiana es necesario proponer escenarios de acuerdo que permitan  la superación de las múltiples formas de violencia simbólica, que las instituciones artísticas y culturales del país han reproducido mecánicamente dentro de esta dramática situación.

En la crisis de la Colombia actual, el papel potencial de las prácticas artísticas y procesos culturales como espacios de regulación y catalizadores de tensiones no ha sido suficientemente estudiado. Dicho potencial no ha sido sistematizado ni proyectado en políticas públicas dirigidas hacia la reconstrucción del tejido social y la confianza colectiva.

El campo de las artes y la cultura podría movilizar sus capacidades para la con- figuración de espacios sociales de resiliencia y transformación de los imaginarios colectivos del conflicto, convirtiendo  las prácticas artísticas y culturales en escenarios  de diálogo. De esa manera, sería posible entrever la aparición planificada de espacios nuevos e incluyentes de participación que convoquen a artistas, creadores populares, emprendedores y gestores culturales en la producción de agendas  políticas y sociales amplias. Estos espacios podrían, además, mejorar las competencias ciudadanas para la participación política.

En este contexto, se hace necesaria la integración  de un grupo para la construcción  de  un  paradigma artístico y cultural colectivo coherente con una sociedad  comprometida con  la superación  de  las causas estructurales  del conflicto armado  y, en especial, con la reparación  simbólica colectiva de las víctimas directas e indirectas de este proceso. Por consiguiente, apremia la creación de un “centro de pensamiento” sobre la función social de las artes y el patrimonio cultural en defensa de la democracia, la superación del conflicto y la no repetición, con el objetivo de propiciar espacios de debate y crítica que no solo convoquen a los actores académicos  sino a artistas, curadores, gestores culturales, coleccionistas, funcionarios de las instituciones culturales públicas y privadas, creadores populares, educadores y públicos, en torno a una agenda  que gira alrededor  de tres ejes temáticos:  (i) Memoria, derechos  culturales y ciudadanías, (ii) Cultura y economía, y (iii) Creación, educación y políticas del conocimiento.